Semi Job

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Evangelizando para Cristo, desde la perspectiva del amor al prójimo y amor a María, con experiencia de fe

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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO C
02 de octubre de 2022

No hay que hacer agricultor que una buena cosecha requiera de buena semilla, buen abono y riego constante. También
es avio que quien cultiva la tierra no se impaciente frente a la semilla sembrada; sabe que hay que esperar que no se puede estirar una plantita y no sirve de nada gritare con todas sus fuerzas: ¡Crece por favor!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambu japonés y que lo hace no apto para impacientes. Como todas las semillas, hay que sembralas, abonarla y regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. Es más, no se verá la planta de bambo durante los primeros siete años desde que se sembrò, a tal punto que, un cultivador inexperto estaria convencido de haber compra semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas la planta de bambu crece ¡Mas de trenta metros!
¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que tardo siete años en desarrollarse. Durante esos primeros siete años de aparente inactividad, este bambu estaba generando un complejo sistema de raices que le permitiria sostener el crecimiento, que iba a tener afuera después de siete años.
En la vida diaria muchas veces queremos soluciones rápidas sin entender que el éxito es a veces el resultado de un crecimiento intermo. Si, de momento, no consigues lo que anhelas, no desesperes... quizá sólo estás echando raíces.
Fuente Alejandro Mesa Molina

Muy buen día, en la primera lectura del libro del profeta Habacuc, nos presenta la protesta que se atreve a hacer en contra de Dios por tanta violencia que existe en Israel -por la entrada del ejército babilónico a la ciudad- pero el Señor, responde invitándolo a que tenga confianza y fe, pues todo llegará a su tiempo.
En la segunda lectura que leemos corresponde a la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo -considerado por la mayoría de los teólogos como el testamento espiritual de Pablo- lo invita a que con gran valor de la cara por el mensaje evangélico de Jesús, pues tiene el espíritu de Dios, mismo que recibió cuando se le impusieron las manos, quien da fuerza, amor y buen juicio, más no ha recibido el espíritu de un cobarde, quien es necesario para ser buen pastor.
En el evangelio de san Lucas, nos presenta el diálogo que tenía Jesús con sus discipulos siendo ellos que le proponen que les aumente la fe, pero el maestro les responde con varias consignas, entre ellas que no deben trabajar por un pago, sino hacerlo de forma gratuita para recibir el premio que Dios nos espera dar.

Aplicación en nuestra vida
En tiempos de violencia social, desastres naturales y calamidades, no nos hace mal alzar la voz ante tanta injusticia. Aunque de un inicio así lo hizo el profeta Habacuc al ver una ciudad en ruinas y en la guerra, pues históricamente apenas habían sido libres del imperio asirio cuando estaban siendo de vuelta conquistados por los babilónicos.
Por ende, nosotros también podemos caer en el reclamo a Dios ante los sucesos que lastiman a la sociedad, y preguntarnos ¿Por qué Dios permite el mal y el sufrimiento? ¿Por qué a los pobres e inocentes les toca sufrir más? ¿Por qué Dios se muestra a menudo como ausente? ¿Por qué Dios hace caso omiso al grito de los que sufren?
Pero Dios respeta la libertad de las personas y aunque tarda en llegar, lo hace en el momento exacto. Pues, aunque los planes de la salvación están señalados, con nuestra mente humana nos parece muy difícil de entender y al igual que al profeta, se nos pide confianza, pues
el justo vive en la fe.
Para esto, bíblicamente tenemos un sin fin de ejemplos de fe y esperanza, como lo es por excelencia el del Magnificat, que con gran confianza espera se destronen a los poderosos y enaltezcan a los humildes, a los pobres se llenen de bienes y a los ricos sean despidos vacios, el día en que deba ser separado el trigo y la cizaña, el día en que los que sufren encuentren consuelo, aunque aún no sabemos cuándo suceda, tenemos la certeza de que por ser una promesa de Dios, llegará como un ladrón sin avisar.
Ante ello, no debemos combatir la violencia con más violencia, sino con esfuerzo y dedicación, hacer lo que nos toca hacer posible un mundo mejor, y trabajar de forma gratuita sin exigir el pago por nuestras acciones ya que se subraya la importancia de aquel
siervo que a pesar de regresar de la jornada laboral, aun así sirve a la mesa del amo, representando en él, la humildad, pues no se da importancia en exclamar que viene cansado, sino que de forma gustosa sirve, pero más sorprendente es cuando así mismo se hace pequeño sobre los demás "sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.
Un ejemplo claro que podemos presentar es a la hora de educar a los hijos, que algunos padres premian la conducta de los niños por hacer la tarea, barrer la banqueta o juntar su ropa sucia, cuando es parte de la educación personal hacerlo, o en la sociedad, que se pasa la factura a todo lo que hacemos incluso al realizar cierta obra de caridad o en el peor de los casos, tener la intensión de presentarnos ante Dios con un listado de hechos que a nuestro juicio son méritos propios, cuando deberíamos presentarnos con humildad y sencillez, al igual que estos siervos que llegando de trabajar sirvieron la cena al amo.
Por eso, cuando hacemos el bien a un familiar o amigo que queremos, por ningún motivo llevamos la cuenta de los favores que le hacemos, simplemente actuamos por ese sentimiento de amor a nuestro familiar o amigo, y es así que, también debemos actuar con los demás, de forma gratuita y desinteresada, pues la salvación Dios nos la concede gratuitamente y debemos imitarlo.
Permanezcamos fieles y sencillos ante los dones recibidos por Dios, para que en su momento demos frutos de nuestro trabajo diario, pues no somos los únicos que trabajan por mundo menos cruel ante las circunstancias que vivimos, como lo es el desempleo, las devaluaciones e inflaciones, la vivencia de una cultura de la muerte (abortos, homicidios, suicidios,) entre otras más.
Ante este panorama debemos tener un corazón limpio antes de iniciar un proyecto como lo puede ser un ciclo escolar, una misión, el inicio de un trabajo o el ejercicio de un cargo, para que durante su realización y al finalizar, analicemos si vamos cumpliendo con el objetivo inicial.
En este domingo hace eco de los domingos pasados, pues debemos pedir la fe que nos hace falta para poder entender que las riquezas materiales no lo son todo, ya que, sin fe, nos
cansaremos muy pronto del caminar diario.
De no tener fe, ya no seguiremos amando, ni seguiremos trabajando por hacer el bien, ni mucho menos viviendo como auténticos cristianos, por eso, a recomendación de Pablo, debemos seguir trabajando con la fuerza de la gracia que Dios nos da, y aunque presentemos dificultades y desánimos, debemos ser coherentes y fieles a la misión que se nos ha encomendado como bautizados.
Cuando sintamos desfallecer, no vaya a ser que suene esa voz de reclamo en nuestro interior; "hombre de poca fe", esa voz que nos empuja a continuar por los pasos que nos llevan
a seguir amando a los demás. Ante esta voz, debemos responder al igual que los apóstoles; "Señor, auméntanos la fe".
Ya san Pablo nos invita a dar la cara por el evangelio de Jesús ante situaciones nada fáciles. Trabajar con la fuerza de Dios, aunque sintamos fatiga y desaliento.
Queridos hermanos, pidamos al Espíritu Santo el don de la fe, para que, siendo humildes y sinceros, podamos trabajar con una fe viva y sepamos esperar sin pago alguno por nuestras obras diarias. Que así sea.

Atentamente
Seminarista de teología de la diócesis de Papantla

Job Sánchez Hernández

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