Lenin Checco

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#UnidosLoPodemosTodo

Photos from Lenin Checco's post 21/03/2026

LAS CRUCES EN LOS TECHADOS DE ABANCAY.
Qué honda alegría entra en el pecho cuando se termina el techo de una casa levantada con esfuerzo, con sudor que cae como lluvia menuda sobre la tierra. No es solo un techo lo que se concluye; es un sueño que por fin encuentra su forma. Entonces la casa ya respira, ya tiene abrigo, ya puede mirar al cielo sin miedo.
Y en ese día no hay soledad. Llegan la familia, los amigos, los vecinos. Unos traen comida, otros traen bebida, pero todos traen algo más antiguo que la misma casa: la cruz adornada, vestida con serpentinas, frutas, colores vivos y promesas. Esa cruz sube al techo recién hecho, no importa si es de concreto o de teja, porque no es el material lo que importa, sino la fe que se clava junto a ella.
Esas cruces, alegres y brillantes, son hijas de manos pacientes. Las hacen los artesanos de la hojalata, hombres y mujeres que conversan con el metal como si fuera criatura viva. Cortan el fierro a pulso, con fuerza y cuidado, como quien talla un recuerdo. Luego sueldan las figuras, las ordenan, las pintan, y al final la cruz queda lista, como si llevara en sí misma un pedazo del alma del pueblo.
No es fácil ese trabajo. El metal no cede rápido. Hay que insistir, hay que saber escuchar el golpe, medir la fuerza, aguantar el calor de la soldadura. Es un oficio que se aprende con el tiempo, con los años, con la paciencia que ya no abunda.
Recuerdo que en los años noventa, en la calle Estados Unidos, el sonido del ma****lo era como una música constante. Los hojalateros competían entre ellos, golpeando el fierro sobre sus yunques, como si cada uno quisiera que su obra cantara más fuerte. Allí se iba antes de cada techado, a elegir la cruz más bonita. También hacían cocinas para leña, portamaceteros, tantas cosas útiles y bellas que nacían de sus manos.
Volví por esos lugares buscando unos portamaceteros. Pero el camino ya no era el mismo. Donde antes había talleres, ahora había salones de belleza, tiendas, vitrinas silenciosas. La hojalata había sido arrinconada por la modernidad, esa que llega sin pedir permiso y se queda.
Casi al final, cuando ya pensaba que todo se había ido, encontré a dos mujeres. Estaban inclinadas sobre el metal, cortándolo con la misma paciencia antigua. Me acerqué. Me mostraron sus trabajos. Sí, podían hacerlo, dijeron. Encargué lo que necesitaba y regresé al día siguiente.
Al volver, me detuve un momento. Pensé en cómo las costumbres se van apagando, poco a poco, como brasas que ya no se avivan. Pregunté por los talleres. Me dijeron que los maestros envejecieron, y que sus hijos ya no siguieron el oficio. La vida los llevó por otros caminos.
Entonces le pregunté a una de ellas por qué continuaba.
Porque es lo que sé hacer, me dijo, y todavía tengo que educar a mi hijo. Y señalando a la joven que la ayudaba, agregó: A ella le gusta este trabajo.
En ese instante entendí que no todo estaba perdido.
Miré las cruces, los portamaceteros, las figuras de metal. Allí seguía latiendo algo antiguo, algo que no se rinde fácil. Me despedí de Tomasa, así se llama la mujer que sigue dándole forma al metal, que se resiste a olvidar, que continúa levantando cruces para los techos de las casas nuevas.
Porque mientras haya una mano que corte el fierro y otra que pinte la cruz,
La tradición no muere.

Photos from Lenin Checco's post 10/03/2026

ENCUESTAS BAMBA.
El domingo pasado volvió a repetirse el ritual. Las pantallas encendidas, los noticieros con tono solemne, los conductores frunciendo el ceño como si estuvieran anunciando el destino del país. Y allí estaban, otra vez, las encuestas nacionales. Números que se presentan como ciencia exacta, porcentajes que pretenden anticipar la voluntad de millones. Muchos se quedaron mirando, entre curiosos y preocupados. Otros, quizá menos ingenuos o con mejor memoria, decidieron hacer un ejercicio simple: buscar qué dijeron esas mismas encuestadoras hace cinco años, en las elecciones anteriores. El resultado fue el de siempre. Un desfile de errores, proyecciones fallidas y diagnósticos que terminaron enterrados por la realidad de las urnas.
En otras palabras: un fiasco total.
Pero el problema no es solo el error. Equivocarse puede pasar. El problema es cuando el error se repite con puntualidad sospechosa, cuando las cifras parecen más útiles para fabricar percepciones que para describirlas. Entonces la encuesta deja de ser fotografía y se convierte en propaganda.
Conviene recordarlo ahora que empieza la temporada de números mágicos y tendencias milagrosas. Las encuestas no votan. Los pueblos tampoco son rebaños que caminan detrás del primer gráfico de colores que aparece en televisión.
La moraleja es simple, casi elemental: no nos van a engañar otra vez. Porque en este país ya conocemos demasiado bien los guiones del poder, los pactos silenciosos y los satélites que orbitan alrededor de la misma constelación de intereses.
Y frente a eso, solo queda una respuesta posible:
no al pacto mafioso ni a sus satélites.


ASÍ NOS VENDIAN LOS RESULTADOS A UN MES DE LAS ELECCIONES 2021

Photos from Lenin Checco's post 07/03/2026

LOS MACHUCOS.
Hay momentos en que la memoria camina como un río antiguo entre las piedras de los Andes. Y entonces uno recuerda por qué empezó todo. Gracias a la confianza del pueblo, esa confianza que no se compra ni se fabrica, que nace en la mirada limpia de la gente comenzamos a caminar. No era un camino de alfombra ni de discursos fáciles. Era el camino áspero de las montañas, el de tocar puertas una y otra vez, el de insistir cuando el silencio parecía cerrarlo todo.
Nuestros hermanos de Cotabambas seguían firmes, defendiendo lo suyo como lo hicieron siempre los pueblos que aman la tierra. No luchaban por sí mismos. Luchaban por todos. Por los que están y por los que vendrán. Por una vida digna que no tenga dueño, que no tenga cercos. Tocamos puertas. Y cuando no se abrían, aprendimos a hacerlas abrir. Porque la dignidad de un pueblo no se pide de rodillas.
Fueron años. Años enteros de días largos y noches cortas. De viajes, reuniones, gestiones, papeles y esperanzas. Jacinto, Luchín, Hugo… y junto a ellos cientos de machus de corazón grande, hombres y mujeres que no conocen la palabra cansancio cuando se trata de trabajar por su tierra.
¿Logros? Sí, los hubo. Obras para la provincia de Cotabambas, avances para nuestra región de Apurímac. Y una batalla ganada que parecía imposible: el canon minero. Mientras la empresa lo quería para el 2025, el pueblo lo conquistó para el 2021.
Pero el camino no termina allí. Falta mucho. Siempre falta cuando se trata de justicia para los pueblos.
Hoy solo quiero dejar este recuerdo como una pequeña chispa de memoria y gratitud. Saludar a quienes siguen luchando por nuestro querido Apurímac. A los que no se rinden, a los que madrugan con la esperanza en un mañana diferente.
No desmayen, machucos.
La vida a veces es ingrata, es cierto. Pero hay algo que nunca se pierde: la amistad verdadera, el abrazo sincero y el cariño inmenso de nuestro pueblo.
Y ese cariño… no tiene precio.
Volveremos!!!

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