Rubén Rojas Breu

Rubén Rojas Breu

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Rubén Rojas Breu
Investigador social y especialista en Estrategia y Comunicación, campos social, político y comercial y autor Método Vincular.

31/10/2024

QUÉ ACONTECIÓ REALMENTE EN LAS JORNADAS DE DICIEMBRE DE 2001

Una versión antojadiza del gusto de las corporaciones y de los manipuladores de la politiquería es la que quedó en la memoria colectiva.

Esa versión, adoptada e impuesta por la derecha, por el progresismo, por el pejotismo, por el kirchnerismo y hasta por sectores de la izquierda y por las corporaciones mediáticas de todo el espectro político e ideológico es la siguiente:

“Se trató de una revuelta de la clase media enojada porque le habían licuado o sustraído sus ahorros”.

Toda una población, de muy buena fe, compró esa versión simplista y acomodada a los intereses más mezquinos.

Recomiendo desconfiar de quien propale versión tan inicua.

Milei acaba de degradar aquellas jornadas calificándolas de golpe de estado; con ese criterio, la Revolución de Mayo fue un golpe, no falta quien diga tamaña burrada.

Fui participante activo de esas jornadas, me movilicé con mi barrio y fui a Plaza de Mayo donde nos encontramos con la feroz represión, así que cuento de esto de primera mano.

Para comprender cómo se debe lo que pasó entonces parto de la recomendación de Ortega y Gasset de considerar de modo sistemático a la Historia, modo sistemático que desarrollan Cassani y Pérez Amuchástegui.

También me baso en mi creación más conocida, el Método Vincular, en el cual defino que deben abordarse todos los sucesos de un modo integral, vinculando lo que a primera vista parece desarticulado.
También sustento mi análisis en la premisa de la primacía de la Política.

Esa versión simplista que se adueñó de la opinión pública toma un hecho aislado, clase media enojada, y usando el pars pro toto, sinécdoque, aplica un dato parcial para dar cuenta del todo.

Las jornadas de diciembre del 2001 constituyeron una rebelión popular, crearon las condiciones para una situación revolucionaria, que el Régimen, ciertamente despótico disfrazado de democrático, buscó desesperadamente neutralizar.

Es desentenderse de la Política reducir tal levantamiento a una motivación económica, incurriendo en “economicismo”.

Veamos sistemáticamente las cosas, para lo cual articularé antecedentes o situaciones precedentes hasta el desemboque en el 19 y 20 de diciembre del 2001:

- A tener en cuenta, el atentado de setiembre de ese año contra las Torres Gemelas en Nueva York, lo cual redefine la geopolítica y lo que suceda en cada país (no me extiendo sobre esto).

- Las elecciones legislativas de octubre de 2001, en las cuales De la Rúa y los suyos, así como todas las dirigencias políticas, pierden estrepitosamente porque el triunfo de hecho fue para la abstención: voto en blanco, votos nulos que fueron masivos y no concurrencia.

- En los meses siguientes crecen piquetes y también saqueos a supermercados por una población hambreada y excluida, sobre la cual el gobierno y sus aliados hacen interpretaciones caprichosas y paranoides, más allá de si el pejotismo o quien fuese alentasen o no tales acciones.

Toda esa movida estaba en auge el 19 de diciembre cuando se da el gran detonante, hoy muy olvidado, curiosamente: DE LA RÚA POR CADENA NACIONAL DECRETA EL ESTADO DE SITIO.

Decretar el estado de sitio causa lúgubres reminiscencias de las dictaduras y provoca los estruendosos y muy masivos cacerolazos en toda la Argentina, a lo cual sigue la represión feroz que culmina con casi cuarenta mu***os, el raje de De la Rúa en helicóptero y su renuncia del 20 de diciembre.

Esas jornadas generarán las asambleas barriales, de las cuales participé, fui fundador de una de ellas, denominada Asamblea del Almacén.

En mi barrio, ciertamente popular, salieron a la calle con cacerolas y lo que tuviesen a mano miles de personas de la llamada clase media pero también, enfatizo, ciudadanas y ciudadanos desposeídas y desposeídos, okupas, pobres de toda pobreza, mal vestidas y mal vestidos, que brotaban de pensiones y casas ocupadas.
Minga de solamente clase media, minga.
Muchas de esas personas, también yo, no teníamos ahorros, así que ese relato deplorable es también difamatorio.

Al día siguiente me pide Antonio Cafiero, de quien yo era asesor, una reunión a solas para que le cuente mi análisis del cuadro de situación.

Se irritó por mi análisis ya que él consideraba que todo había sido una movida de las “señoras del aristocrático barrio de Recoleta”.

Pacientemente le demostré lo que había realmente sucedido y cuando ya había logrado que aceptara mi evaluación hizo pasar a sus colaboradores, todos los cuales venían armados ya del relato vacuo, apolítico y conveniente a los intereses dominantes y parido por la mediocridad de la que hacían gala.

Me queda mucho, muchísimo más para exponer, pero no quiero abusar más de la tolerancia de lectoras y lectores.

Dejo en claro que todo lo que vino después, gobiernos kirchneristas y gobiernos de derecha o ultraderecha incluidos, reacomodamiento oportunista de todas las dirigencias políticas y sectoriales, así como mayor avance de las grandes corporaciones, se beneficiaron de la versión simplista y licuaron lo que fueron jornadas francamente revolucionarias del Pueblo argentino.

Cierro señalando que este análisis, además, sirve para entender mejor el calamitoso estado de cosas actual, en el seno del cual, gobernantes, politiqueros y poderosos muestran temor por la posibilidad de reedición de aquellas jornadas de 2001.

Conclusión: las jornadas de diciembre de 2021 no fue enojo de clase media.
FUE EL PUEBLO EJERCIENDO ACTIVO PROTAGONISMO.

Rubén Rojas Breu
Buenos Aires, octubre 31 de 2024

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12/09/2023

QUÉ ES UNA DICTADURA

Según el diccionario de la Real Academia Española éste es el significado de “dictadura”:

“Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”.

Esta definición vale para entrar en tema con el fin de profundizar y ampliar qué es una dictadura, teniendo principalmente en cuenta las que asolaron a la Argentina: la iniciada en 1930 con su década infame, las de los golpes de 1955, 1966 y, sobre todo, la genocida y terrorista de estado que abarcó el período 1976 a 1983.

Me ocupo de este tema porque observo con gran inquietud que las generaciones jóvenes ignoran todo sobre esas dictaduras y, lo que es más grave, según me hicieron notar personas sabias, ni siquiera saben qué es una dictadura.

Por parte de las organizaciones, grupos y prestigiosos referentes, particularmente de quienes militaron y militan denodadamente por los derechos humanos, al mismo tiempo que se predica con solvencia y poniendo de manifiesto cuánto sufrimos con las dictaduras, especialmente con la última, se incurre en equívocos o insuficiencias.

Ahora que la candidata a vicepresidenta de “La libertad avanza”, reivindica a la dictadura genocida que encabezaron los ex jefes militares Videla, Massera y Agosti, es imperioso aclarar y enseñar qué es una dictadura. Esta señora, junto con un grupo concentrado con negocios mediáticos de la mayor envergadura, es la que asumió públicamente que es quien mueve los hilos del amontonamiento de la ultraderecha.

Los equívocos o insuficiencias de quienes denunciamos a la última dictadura consisten en haber generado inconscientemente la creencia de que tal dictadura sólo aplicó su política de terror y atroz ensañamiento con quienes militamos y, en su versión más trágica y extrema, con la desaparición forzada, tortura y as*****to de 30.000 compañeras y compañeros.

La señora ahora famosa de LLA o de los llamados “libertarios” en su acto parece que amenazó de manera subliminal con una dictadura civil. Se dice, con fundamento, que en entre sus planes está el dar participación muy activa a los militares para asegurar el “orden interior”, o sea para reprimir y retrotraernos a lo peor.

QUIERO DEJAR EN CLARO QUÉ ES UNA DICTADURA sobre la base de nuestra propia experiencia.

Una dictadura no solamente arrasa con militantes: inclusive, me consta y nos consta, hubo desaparecidas y desaparecidos que no eran militantes y hasta los hubo que fueron sostenes o amigos de los dictadores, casos muy famosos.

Las dictaduras y reitero, marcadamente la última, destruyeron todo, y cuando digo todo, digo todo: el tejido social, el sentimiento de pertenencia a una nación, el empleo y el trabajo, la ciencia, la industria, la educación, la salud pública y, también, la actividad gremial y la política misma: todo fue arrasado y proscripto.

Pero, además, algo que las jóvenes, los jóvenes y adolescentes deben saber ya: censuraron y prohibieron todo.

Censuraron y prohibieron grupos musicales y recitales, películas, programas de televisión, medios de comunicación como diarios y revistas, libros, teorías científicas.

Más todavía: castigaban con prisión o algo peor, usar el pelo largo o teñido, el maquillaje, la barba, tipos de vestimenta. Obligaban a circular en silencio y también detenían colectivos, ómnibus y automóviles para requisar y llevarse personas con destino desconocido, porque sí, al tuntún, de modo que cualquiera podía perder la libertad o la vida.

Allanaban arbitrariamente oficinas estatales y privadas, locales, consultorios y también se llevaban personas.
Cerraron servicios de salud y carreras universitarias por considerarlos “nidos de la subversión”.

Estaba prohibida toda reunión pública, inclusive si dos o más personas se encontraban charlando en una esquina, el patrullero o el grupo parapolicial o militar o los obligaban a encerrarse en su domicilio o también se los llevaban según lo que se les daba la gana. Ni hablar de caminar de noche; de hecho, a partir de las nueve o diez regía un virtual toque de queda.

Racismo en todas las direcciones, homofobia, carta blanca para la violencia de género son propios de una dictadura; y ya padecimos todo eso.

¿Se imaginan qué pasaría actualmente con alguien que toma cerveza en el umbral de su casa o que se fuma un porro o que se besa con otra persona en plena calle?

Todo estaba prohibido y cualquier comportamiento inocente de personas o grupos era motivo para detener o matar. Así nomás.
He visto cómo se llevaron para nunca reaparecer a personas que apoyaron a la dictadura, ésas que decían por lo bajo “algo habrán hecho” y que terminaron sufriendo en carne propia lo que inicialmente habían tolerado o alentado.

Aunque pueda sonar terrible lo que acabo de contar me estoy quedando corto.

Todo lo que una dictadura es capaz de hacer para hacer la vida imposible excede la imaginación.

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