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Bueno, empecemos, seguramente esto molestará a algunitos

14/04/2026

EL MORLACUM CHISMOSORUM: ESPECIMEN DE (IN)EVOLUCIÓN AL SUR DE LA MITAD DEL MUNDO
(Léase con voz de narrador de documental de los años 80)

¡Bienvenidos, queridos telespectadores, a este asombroso registro de la fauna antropológica! Situémonos en el tiempo: es el 12 de abril del año del Señor de 1557. En este valle andino, entre cuatro ríos de aguas cantarinas, se produce un hito biológico sin parangón: el nacimiento del Morlacum Chismosorum. Un espécimen cuya columna vertebral está diseñada para asomarse por el balcón y cuya lengua posee la bifidez suficiente para, al mismo tiempo, rezar un credo, cuatro avemarías y tres padrenuestros, mientras por otro lado cuenta vida y milagro ancestral de todo miembro de la comarca.

Observad con detenimiento el primer rasgo de esta especie: su Bipolaridad Estacional. El Morlacum Chismosorum vive en una contradicción científica que desafía las leyes de la lógica. Durante seis meses al año, el espécimen hincha el pecho de orgullo al recordar su "nobleza de origen español"; se siente un hidalgo extraviado en los Andes, descendiente directo de la alcurnia de Castilla, pregonando a viva voz su nobiliaria ascendencia. Sin embargo, al llegar el ciclo de noviembre, su sistema nervioso experimenta un cortocircuito: celebra con igual frenesí que sus antepasados "mandaron sacando" a esos mismos españoles. Es un ciclo fascinante, señores: seis meses ebrios de Zhumir y felices porque llegaron los barbudos, y los otros seis meses ebrios y felices —con el mismo Zhumir— de gozo porque los expulsaron. La coherencia, para el morlaco, es una enfermedad que se cura con puntas y agua de naranjilla con canela.

Fijaos ahora en este espécimen a la llegada de la década de los 70. Un “Curita de buena familia”, terrateniente de vasta estirpe y, por supuesto, fundador de centros educativos. Este ejemplar es el caso de estudio perfecto sobre la "Ley del Silencio Selectivo Morlaco". Durante décadas, el chisme corrió por las venas de la comarca como un veneno silencioso; todos conocían las debilidades carnales y los apetitos prohibidos del padrecito, pero ¡ay de aquel que osara perturbar la decencia! El Morlacum Chismosorum prefiere un pecado aristocrático bien guardado que una verdad que manche el apellido. En Cuenca, la santidad y la alcurnia forman una capa de ozono que protege contra cualquier rastro de rayo cósmico.

Avanzamos al 4 de noviembre de 1985: una “noticia” recorre, a eso de las 21:00, todos los teléfonos (fijos, obviamente) de la ciudad. Los vecinos golpean las puertas para contar lo que oyeron: los “entendidos” dicen que, desde el norte, viene sacudiendo la tierra un “Terrible Terremoto”. Según la geología popular, el sacudón pasará por la ciudad donde los carros tienen placa "U" a eso de las 02:30; de allí pasará por Chuquipata, El Descanso, Chaullabamba, Ucubamba, Gapal, Totoracocha y, finalmente, a las 03:00 en punto llegará al mismísimo Parque Calderón (porque a esa hora no hay tráfico y el sismo sí puede hacer 30 minutos de Azogues a Cuenca). El objetivo: sacudir todos los malos pensamientos y pecados de la comarca.

Se pudo ver a cientos de miles de ejemplares temblando de frío con sus parejas, crías, parientes, peleados y reconciliados, vecinos, muchachas de mano, guaguas mal envueltos, curuchupas, ateos y algunos osados hasta con sus mozas, rezando mientras huían a cualquier lugar que pareciera más “seguro” que el tibio lecho. Al día siguiente, pocos fueron los puntuales en el trabajo, ya que el chuchaqui (seco y húmedo) dejó a casi todos como lo que son: los ilustres "Giles" de la comarca.

Años después, la fe mutó hacia las alturas. Los más devotos subían al Cajas a buscar mensajes divinos entregados a una "suquita" —porque hasta para los milagros el Morlacum Chismosorum exige que el mensajero sea de buena cepa—. Cientos de miles, más llevados por el chisme que por la fe, invadieron los páramos donde nace el río para esperar un mensaje celestial, que a la final fué entregado a través de una grabadora.

Al mismo tiempo, en el tradicional barrio de El Vado, un espécimen de poco abolengo engendraba "El Prohibido". A pocos metros de la cruz que señalaba la entrada sur de la ciudad colonial, se cavó una caverna de arte sacrílego, convirtiéndose en el refugio de la "Avant-garde" intelectual. Años después, cuando el artista decidió sacar sus esculturas frente a la Catedral, se produjo el desgarre de vestiduras. El Morlacum Chismosorum saltó a la yugular de la decadencia con gritos de indignación, pero observad la ironía: su furia fue el mejor agente de ventas. Miles pagaron su entrada para ver lo sacrílego, demostrando que al morlaco le gusta más el chisme de un pecado que una misa de domingo.

Pasando las páginas, llegamos al 2026; el espécimen ha evolucionado. La sacristía y los teléfonos fijos han dado paso a los allanamientos fiscales, los romances prohibidos de autoridades con barberos y las mansiones millonarias que brotan como kikuyo tras la lluvia en las rieles del tranvía. El círculo íntimo del poder ahora genera más miedo que respeto, y el chisme viaja a la velocidad de la luz, el wifi y la fibra óptica, pero la esencia es la misma.

Queridos amigos, hemos analizado siglos de contradicciones. Podrá cambiar el entorno, pero el Morlacum Chismosorum siempre será el mismo: un amante del espectáculo, del show, un guardián de la tradición que rompe a escondidas, un fiestero incansable y un devoto del Zhumir para pasar el trago amargo de su propia e incurable bipolaridad.

¡Feliz cumpleaños, Cuenca, cuna de este espécimen único! Que nunca nos falte la lengua larga ni el vaso lleno, porque, para colmo, nunca falta quien haga algo para dar papaya y alimentar este celo…

¡Eso nomás sería!

06/04/2026

El Bryan, el taxista de Totora que con 3 latas, te dice lo que los concejales no dicen en 4 años de alzamanos y dietas

—¡Buenas, jefe! ¿A dónde le llevo?
—Al Vergel.
—¡De una! Suba nomás. ¿Viene de lejos, jefe?
—De Quito.
—¡Asu madre, de la Capitalffff! Yo también estuve por allá una vez, tenía que bajarme en Quitumbe y total me desperté en Carcelén. ¡Chuta! A la Yoni sí llegué derechito... hasta que me regresaron. Me deportaron, jefe, pero eso es otra historia. El Bryan siempre vuelve, como el Cuenquita — que sube, que baja, pero nunca muere. ¡Y ahora imagínese! ¡La Sudamericana! ¡El Santos! Toda la ciudad loca con Neymar... y el man no viene. ¡Lesionado dizque! Yo digo que le dio miedo a la altura. Igual vamos con el Kevin — mi guagua de diez — aunque no venga. ¡El Cuenquita es el Cuenquita!
Arranca. Av. España. En el parterre central, las vías del tranvía aparecen enterradas en maleza.

—Jefe, mire el parterre de la España. ¡A la mi**da! ¿Eso es césped o la selva amazónica en plena avenida? Las vías del tranvía completamente enterradas en pasto. ¡Si ahí ya está pastando la vaca del Alcalde! Para eso nos cobran — para tener una hacienda en plena España. La EMAC dizque "mantiene áreas verdes"... ¡de ley que sí! Bien verdes, bien altas, bien llenas de bichos. ¡Simón!

—¿Cuánto te cobran de tasa de basura, Bryan?

—¡No me recuerde, jefe! ¡Dieciocho dólares! La Kimberly casi me bota pensando que era yo el que había gastado esa plata. Le digo: "Mi amor, es el municipio", y me dice: "Peor". ¡La mujer tiene razón!

Huaynacápac abajo. El Tomebamba aparece — kikuyo hasta las rodillas, camineras destruidas.

—Jefe, ¿usted ama los ríos de Cuenca?

—Como todo cuencano, Bryan.

—¡De ley! Yo al Tomebamba lo quiero como a mi mamá. Venía con el Kevin y la Britney — la niña de seis — a jugar en las orillas, allá en el parque del Paraíso. Venía, más bien... porque ahora ¡A la mi**da! ¿Esto es un parque o el Oriente? En la pandemia el pasto llegó hasta acá. [Señala el techo.] ¡Más de un metro! Las ratas se paseaban como dueñas de casa. Pero eso era la pandemia, había razón. Ahora, ¿cuál es la razón? ¿Que están ocupados cobrando?

—¿Y a quién reclamas?

—¡A nadie! Llamé una vez a la EMAC. ¿Sabe qué me dijeron? Nada. El teléfono sonando como chicharra. Pero la planilla sí llega puntualita, como cuñada que viene a quedarse y nunca se va.

Puente del Vergel. Calle de las Herrerías. El parque a la derecha — el césped alto, sin cortar, tomándose los espacios.

—Mire el parque, jefe. No es un desastre total, no... pero el kikuyo está hasta las rodillas. Los guaguas quieren jugar y uno no los suelta porque quién sabe qué hay ahí adentro. ¿Ochocientos mil dólares al mes no alcanzan para una bordeadora? ¡Una sola bordeadora! Yo con mi taxi s**o para el colegio del Kevin, para las clases de la Britney, para la cuota del carro, la gasolina... y hasta para los gustitos. [Sonríe al espejo.] Con mucho menos. ¡Simón!

—¿Y el Alcalde?

—Yo no me meto en política, jefe. Pero el que gasta cinco millones en reguetón y no tiene para una bordeadora, tiene las prioridades más chuecas que las vías del tranvía. ¡Eso nomás!
Junto a Los Corchos. El Bryan frena.

—Ya llegamos. Son tres dólares. Oiga... ¿usted no era el de La Parola? ¿El bar de la Calle Larga?

—El mismo.

—¡A la mi**da, jefe! ¡Si yo le he llevado a su casa mil veces desde ahí! A la madrugada, nosotros los taxis parqueados en la vereda esperando carreras... ese bar era una locura, jefe. Lleno todas las noches, la gente haciendo fila para entrar. De los mejores tiempos de la Calle Larga. Oiga, todo lo que hablamos... ¿no lo va a poner en algún lado, verdad?
—...
—Jefe... JEFE. ¡Chuta!

24/03/2026

¿Crees que se puede pagar una mansión de $700k vendiendo tortillas en menos de un año?

24/03/2026

🥯 EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LAS TORTILLAS: GUÍA PARA LAVAR.. PERDÓN, PARA EMPRENDER

Había una vez, en una ciudad colgada de los Andes (donde comemos mote y no tacos), donde los ríos cantan y dónde se lava ropa, entre otros menesteres, un caballero que descubrió la piedra filosofal de la economía. No era alquimista: era un entusiasta de las tortillas; básicamente, un “Tortillero”.

Para que lo entiendas, te lo voy a explicar como si fueras guambra de escuela: Imagina que tienes una alcancía. Tus papás, por tus buenas notas (disque trabajar para la ciudad y dar clases en la escuela grande), te dan 5 dólares al mes. Pero de repente decides que necesitas el “combo definitivo”: una consola de 700 dólares, de esas con todos los añañais que le darían envidia hasta al hijo de Donald Trump.

Tenías ahorrados 200. Le pides a tu papi que te preste, pero solo te suelta 80. Entonces vas a la tienda del barrio porque eres pana y te dan 400 latas de crédito. Y tú, con la seguridad de un estudiante del Benigno Malo en huelga, juras que todo lo vas a pagar en menos de un año.

Cualquier niño con dos neuronas haciendo contacto te diría: “¡Ele! A ver, si ganas 5 dólares al mes, ¿DE DÓNDE PUES? ¿Cómo vas a pagar 40 de cuota? ¿Vendes órganos o qué?”. Es aquí donde aparece el ingrediente secreto: la tortilla mágica.

Hagamos números, pero de los que sí deberían cuadrarte. Para pagar esos 40 dólares mensuales (que en la vida real hay que agregar 3 ceros), nuestro Tortillero asegura que su pequeña fábrica es la fuente del milagro.

Supongamos que cada funda de tortillas deja una ganancia limpia de 10 centavos, después de pagar maíz, gas y al pobre operario que las vira en el tiesto. Para cubrir la deuda, tendrías que vender cientos de miles de fundas al mes.

Traducido al mundo real: todas las familias de la ciudad tendrían que desayunar, almorzar, merendar y, de paso, usar de almohada las tortillas del susodicho. Tres veces al día, los 365 días del año. Sin falta. Ni en feriado, ni en dieta, ni con una diarrea fulminante. Si tú vas al supermercado, verías que uno de cada tres carritos debería estar repleto de estas fundas milagrosas. Un éxito de ventas que ni la Coca-Cola en sus tiempos más creativos habría logrado.

Aquí es donde el asunto se te pone color ututo. Para producir semejante cordillera de masa se necesitan camiones y camiones de maíz. Sin embargo, en los registros, la tortillería parece comprar lo justo para no desaparecer del mapa.

Estamos ante la primera fábrica cuántica del Austro: produce millones sin insumos, vende sin rastro y factura con una fe que ya quisiera cualquier iglesia. No es contabilidad, es teología. Tú metes una factura de tortillas en el Excel y, con la bendición correspondiente, del otro lado aparece un patrimonio que ni Mandrake podría justificar ante la Fiscalía.

Pagar una mansión de $700k en un año con sueldos de profesor y burócrata, más una pyme de tortillas, es como llenar el embalse de Mazar con la tacita de té de la Marujita. Un milagro financiero digno de estudio en alguna universidad de Mexico (como Jalisco).

Al final, este no es un caso de economía, sino de FE aplicada: creer contra toda evidencia, declarar contra toda lógica y facturar contra toda aritmética. Aquí no hay déficit, hay devoción. No hay inconsistencias, hay misterios.

¿Eres un cuencano de a pie? Sigue caminando nomás mijo y no pises los charcos. Porque para comprarte la casa de tus sueños en la zona de los aniñados no hace falta que te rompas el lomo trabajando. Basta con que conozcas la receta secreta: esa donde la masa no sube con levadura, sino con milagros de multiplicación y “préstamos en efectivo”, de esos que te caen del cielo.

Buen provecho con tu tortilla… y cuidado te la comas entera, capaz te atragantas con los números.
¡Eso nomás sería!

20/03/2026

📰 ¡VIERNES DE PALANQUETA, ALLANAMIENTOS Y PROCESIÓN! 🐣🔦🏠
7 en punto de la mañana, en la esquina de la Mariano Cueva y Honorato Vázquez. El chisme está más caliente que café pasado en jarro de lata. Las Marujitas, firmes como misa de seis, desmenuzan la cartelera judicial como si fuera pan recién horneado.

Marujita: —¡Ay mija, mi Clemen del alma, qué angustia vea! He pasado la noche con el credo en la boca. Vi en el Facebook que al pobrecito le cayeron los de la Fiscalía como visita de suegra, a las dos de la mañana. Y sale pues el chinito casi llorando, dijo que es “persecución política” niseque, que le tienen miedo porque va a ser candidato… ¡Y salía con esa cara de “yo no fui” que hasta ternura da! Imagínese que los 80 mil dolaritos son un préstamo del papacito para el negocito de la mujercita… ¡Ay, qué desgracia del santito!

Clemen: —¡Ay Marujita, no sea tan shunsha vea! No se deje hipnotizar por ese TikTok con música de velorio y ojitos de venado atropellado. Ese es cuentero viejo, graduado con honores. Para llorar sí es PhD, pero para transparentar… ¡más turbio que agua de acequia luego de aguacero! ¿Cuál persecución ni qué ocho cuartos? Ahí están los 18 informes de Contraloría que no se tapan ni con la sotana del Cura Cordero. Y mientras hace drama por los 80 mil “bancarizados”, nadie dice ni pío de la mansión de 700 mil en Challuabamba. ¡Más raro que la Olga no cobre una deuda! Las cuentas no le cuadran ni con calculadora prestada.

Marujita: —¿Cómo que mansión pues? ¡Pero si él dice que es cuencano de a pie! ¡Si hasta sale comiendo mote en el Facebook, con cucharita de plástico!

Clemen: —¡De a pie será… pero de alfombra persa! Vaya vea si a un cuencano de a pie el papá le suelta 80 mil así nomás, como vuelto de pan.
Ese explica lo que le conviene y esconde lo que le quema. Tiene más informes guardados que ropa de estreno en ropero antiguo. ¿De dónde saca pues para una casa en urbanización de ricacho en Challuabamba o un carrote de lujo como el del Juan chico, ¿se acuerda? Es puro humo, mija… más humo que horno mal prendido. Ni que fuera la “Noche de los Giles”, cuando salió de la casa con el Arnaldo a las 3 de la mañana porque "disque" había temblor.

Marujita: —¡Ay Clemen, calle calle vea, me quedo helada! O sea que todo ese show era para que los guambras le pongan el "laic" en el celular…

Clemen: —¡Exactito! Puro teatro barato como telenovela de las 3. Mañana capaz amanece cocolo y de pijama tomate, junto al guagua lobo allá en el encuentro, allí si rindiendo cuentas sin filtro ni musiquita triste. ¡Y capaz hasta le toca trabajar, vea! Eso sí ha de ser novedad.

Marujita: —¿Pero y el montón que estaba fuera de la radio del Jorgito apoyándole?

Clemen: —¿Apoyo? ¡Usted sí cree en el cuco todavía! Eran los pelagatos municipales arreados. Las oficinas quedaron más vacías que iglesia en lunes, porque todos hacían bulto para la foto. Sin sánduche y cola… ¡ni el perro le mueve la cola!

Marujita: —¡AY JESÚS, VEA ESO! ¡UN UTUTO! ¡Ave María Purísima!

Clemen: —¡Ele, ya deje el drama! Ese bicho es feo pero sano… no roba ni firma contratos. Peor es la alimaña que anda de terno por la Bolívar y la Borrero… ¡esa sí pica y no suelta! Camine vea, pida la palanqueta y vámonos… que las mentiras de ese cuentero ya no las calienta ni el horno de Todos Santos.

Marujita: —¡Sípues… pero bueno, buenazo mismo ha estado el chisme!
¡Eso nomás sería!

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