Chacharitas
Soy Magda la mamá que ya no sabe que onda pero quiere volver a compartir la experiencia de ser madre y conocer más maternidades
28/12/2025
No me fui antes porque tenía miedo
Soy viuda.
O al menos eso es lo que digo.
Nunca se disolvió el vínculo, aunque llevábamos cuatro años separados cuando él murió.
Y aun así, elijo llamarme viuda.
No por confusión, sino porque así el mundo me mira distinto.
Decir “viuda” me protege, me ahorra explicaciones.
Me devuelve una dignidad que nunca debió depender de un hombre vivo o mu**to. Una especie de consideración automática que rara vez se le da a una mamá soltera.
Antes de ser viuda, fui una mujer que no se iba.
No porque no supiera que la relación estaba rota,
sino porque tenía miedo.
Miedo de ser mamá soltera.
Miedo de criar sola sabiendo que mi historia no iba a ser la de esos padres separados que se llevan bien “por los hijos”.
Yo sabía que no sería así.
Sabía que no habría acuerdos fáciles, ni corresponsabilidad real, ni presencia constante.
Sabía que, si me iba, estaría sola de verdad.
Ese miedo no era exagerado.
Era concreto.
Era económico, emocional, social.
Por eso muchas no nos vamos.
No por falta de valentía, sino porque entendemos perfectamente el costo de irnos en un mundo que castiga a las mujeres que maternan solas y absuelve a los hombres que abandonan.
Después vino la muerte.
Y con ella, una narrativa distinta.
Más respeto.
Menos preguntas.
Menos juicios.
Pero la verdad es que yo ya estaba sola antes.
La viudez no creó mi soledad, solo la volvió socialmente aceptable.
Hoy puedo decirlo sin vergüenza:
no me quedé por amor,
me quedé por miedo.
Y también puedo decir esto:
elegir cómo nombrarme ha sido una forma de cuidarme en un mundo que no cuida a las madres que crían solas
No me nombro por culpa.
Me nombro como puedo, en un sistema que no cuida a las madres que crían solas.
Así que si, soy viuda
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