Reiki Master Massage
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05/10/2025
💖❤️💖❤️💖❤️
—Abuela, ¿de verdad tengo muchos abuelitos? —preguntaste una vez, abrazando tu peluche como si fuera un escudo contra lo incomprensible.
Te miré, me reí bajito y te dije:
—Ay, mi amor… no es que tengas muchos. ¡Es que tienes millones!
Entonces te mostré ese dibujito que guardo en mi caja de cosas curiosas. Un triángulo raro que empieza contigo, luego aparecen dos personitas —tus padres—, luego cuatro —tus abuelos—, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos… ¡y así hasta que se vuelve una montaña de gente!
—¿Y todos esos son mis abuelos? —preguntaste, con los ojos redondos de asombro.
—Sí, mi cielo —te dije acariciándote el pelo—. Si haces las cuentas, para llegar al año 1400, ¡tendrías más de un millón de tataratataratataratatarabuelos!
Pero aquí viene la parte mágica:
En el año 1400, en todo el planeta, solo vivían unos 450 millones de personas. Eso significa que muchos de tus ancestros… son los mismos que los de los demás.
—¿O sea… que somos primos? —me dijiste.
—¡Claro que sí! —reí—. Todos. Esa señora que se cuela en la cola del súper, el chico que canta feo en el autobús, el turista japonés que pasa por la plaza… ¡primos todos! Quizás uno de nuestros pentabuelos los compartimos con ellos.
—¿Y entonces por qué la gente pelea tanto?
Me quedé un momento en silencio.
—Porque tenemos mala memoria, mi amor. Porque olvidamos que venimos de los mismos árboles. Solo que tú naciste en esta rama, y ellos en otra. Pero el tronco es el mismo.
—¿Y cómo hago para recordarlo? —me preguntaste, tapándote hasta la nariz con la manta.
—Mira con ternura, incluso cuando no entiendas.
Respira hondo cuando alguien te haga enojar.
Recuerda que quizás en otra vida fueron tus hermanos.
Y que si uno de esos 512 octabuelos no hubiera besado a la persona correcta… tú no estarías aquí.
—¿Tú crees que yo me parezco a alguno de ellos? —dijiste.
—Yo creo que llevas un poquito de todos. Quizá algo de una curandera andina. O el humor de un cocinero griego. Tal vez la fuerza de una mujer esclava que soñó con la libertad. O la voz suave de un poeta árabe.
—Entonces… ¿llevo el mundo en mí?
—Sí, mi niña. Y por eso cuando bailas con gente de otro país, te sientes en casa. Por eso cuando escuchas una canción en otro idioma, algo en tu pecho se mueve.
Porque el corazón recuerda de dónde viene, incluso si la cabeza no lo sabe.
Y justo antes de dormirte, dijiste:
—Entonces, si un día peleo con alguien… recordaré que quizá solo es mi tataraprimo molesto.
Y las dos nos echamos a reír.
Porque sí, la humanidad es una gran familia…
Con muchos primos que aún no se conocen.
Y esa, mi amor, es la historia de cómo tú eres pariente del mundo entero.
31/08/2025
💝
"Nos estamos despertando del sueño de la separación. Ayudar a otros no es una carga, sino una oportunidad para recordar que todos somos uno. La compasión es la medicina del alma".
–Ram Dass
Art: Evan M. Cohen
Venga, y déjese tocar ☺️
29/11/2024
❤️🩹
“Cuando mi abuela tenía dolor de cabeza, iba a la cocina y agarraba una papa, le cortaba dos rodajas y se ponía una en cada sien.
Yo asombrada observaba cómo el tubérculo se iba secando y poniendo negro al mismo tiempo que se le quitaba la jaqueca.
Ella me contaba que era un aire que le había entrado por no poner atención en lo que estaba pensando.
Cuando mi abuela me veía con dolor de panza, iba a la cocina y agarraba buena grasa, un pedazo de papel estraza y una manta.
Me sobaba con sus grandes y calientes manos, yo veía que sus labios rezaban. Le daba un gran masaje a mis tripas, me ponía el papel encima y después me volteaba.
En la espalda ponía otro poco de manteca, pasaba sus manos por toda mi columna; después ponía la manta y me jalaba cada vértebra lumbar hasta que tronara.
Ya tenía preparada una tortilla bien quemada que con sus manos pulverizaba, la ponía en el té de menta que de su jardín agarraba.
Cuando mi abuela me veía con tos y con gripa iba a la cocina, agarraba unos chiles y dos grandes tomates verdes, los ponía en el comal de tierra cocida, le prendía al fuego, y ahí los dejaba hasta que se quemaran.
Me untaba un poco de Olivo en los brazos, cortaba los tomates en gajos y los pasaba por mis meridianos. Llegaba a la garganta y me daba un masaje con sus dedos que curaban. El olor de los chiles abrían mi respiración, su antibiótico llegaba hasta mi garganta.
Cuando mi abuela veía triste mi mirada, iba a la cocina, agarraba un huevo de gallina, cortaba un poco de ruda y un manojo de salvia, los pasaba por todo mi cuerpo empezando por mi coronilla.
También ahí rezaba, yo sentía cómo me recogía la tristeza, y me regresaba el amor por la vida. Después de limpiarme me daba un té de manzanilla y acariciaba mi pelo con sus alas olor pimienta.
La farmacia de mi abuelita estaba en su cocina, en los vegetales y en las plantas, en sus mantecas y grasas, tenía una sucursal en su jardín, ella hacía tratos con las flores, hablaba con los pájaros, la tierra la escuchaba. Era amiga de los elementos, ella me contó de la importancia de esos abuelos. Me presento con ellos, hicimos alianza.”
29/09/2024
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