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06/08/2025
El músculo que guarda tus emociones… y también tu historia
Este músculo que ves en la imagen no solo conecta tus piernas con tu columna.
Conecta mucho más: tu cuerpo con tus emociones.
Se llama psoas… y para muchos, es conocido como el músculo del alma.
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📍 Anatómicamente, el psoas mayor nace desde la parte baja de la columna torácica (T12) y las vértebras lumbares, y se inserta en el fémur.
Es profundo, es largo… y es vital.
Se activa cada vez que caminas, te sientas, te inclinas o simplemente respiras profundamente.
Pero también se activa —y se tensa— cuando tienes miedo, estrés, angustia o dolor emocional.
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🧠 ¿Por qué se le llama “el músculo del alma”?
Porque el cuerpo no olvida.
Las emociones reprimidas, los traumas pasados, las pérdidas no expresadas… todo eso puede quedar almacenado en este músculo silencioso.
Y cuando el psoas se contrae crónicamente:
🔸 Puedes sentir rigidez en las caderas
🔸 Dolor lumbar constante
🔸 Dificultad para respirar profundamente
🔸 Ansiedad, fatiga o insomnio
🔸 Trastornos digestivos o menstruales
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💡 El psoas está íntimamente conectado con el sistema nervioso autónomo.
Colabora con la amígdala cerebral, el centro del miedo y la supervivencia.
Por eso, en situaciones de lucha o huida, es uno de los primeros músculos en reaccionar.
Cuando el miedo es constante… el psoas nunca se relaja.
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🧘♂️ ¿Qué puedes hacer?
No se trata solo de estirar.
Se trata de sentir, liberar y conectar.
• Permítete llorar cuando lo necesites
• Respira profundo, desde el abdomen
• Haz pausas en el día para estirarte y recostarte en el suelo
• Practica movimientos suaves que abran caderas y liberen tensión
• Aprende a reconocer tus emociones antes de que el cuerpo tenga que gritarlas
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🌿 No hay salud física sin salud emocional.
Y no hay libertad emocional sin un cuerpo que se sienta seguro.
Tu psoas no solo sostiene tu cuerpo.
También guarda todo lo que no supiste cómo expresar.
Cuando lo liberas… no solo sanas tus músculos. Sanas tu historia.
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Nota final: Este contenido es educativo. Si experimentas dolor crónico o disfunción física o emocional, consulta a un profesional de salud física y mental.
03/09/2024
Mi mamá 👩 tenía muchos problemas. No dormía y se sentía agotada. Era irritable, gruñona y amargada. Siempre estaba enferma, hasta que un día, de pronto, ella cambió.
La situación estaba igual, pero ella era distinta.
Cierto día, mi papá le dijo:
- Amor, llevo tres meses buscando empleo y no he encontrado nada, voy a tomarme unas cervecitas con los amigos.
Mi mamá le contestó:
- Está bien.
Mi hermano le dijo:
- Mamá, voy mal en todas las materias de la Universidad...
Mi mamá le contestó:
- Está bien, ya te recuperarás, y si no lo haces, pues repites el semestre, pero tú pagas la matrícula.
Mi hermana le dijo:
- Mamá, choqué el carro.
Mi mamá le contestó:
- Está bien hija, llévalo al taller, busca cómo pagar y mientras lo arreglan, movilízate en autobús o en el metro.
Su nuera le dijo:
- Suegra, vengo a pasar unos meses con ustedes.
Mi mamá le contestó:
- Está bien, acomódate en el sillón de la sala y busca unas cobijas en el clóset.
Todos en casa de mi mamá nos reunimos preocupados al ver estas reacciones.
Sospechábamos que hubiese ido al médico y que le recetara unas pastillas de "me importa un carajo de 1000 mg"
Seguramente también estaría ingiriendo una sobredosis.
Propusimos entonces hacerle una "intervención" a mi mamá para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-berrinches
Pero cuál no fue la sorpresa, cuando todos nos reunimos en torno a ella y mi mamá nos explicó:
"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida, me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi coraje, mi insomnio y mi estrés, no resolvían sus problemas sino que agravaban los míos.
Yo, no soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que yo exprese ante eso.
Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma, es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde.
He tomado cursos de yoga, de meditación, he ido a Terapia Psicóloga y en todos ellos, encontré un común denominador: finalmente todos conducen al mismo punto.
Y, es que yo sólo puedo tener injerencia sobre mí misma, ustedes tienen todos los recursos necesarios para resolver sus propias vidas.
Yo sólo podré darles mi consejo si acaso me lo piden y, de ustedes depende seguirlo o no.
Así que, de hoy en adelante, yo dejo de ser: el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, el muro de sus lamentos, la depositaria de sus deberes, quien resuelve sus problemas ó su llanta de repuesto para cumplir sus responsabilidades.
A partir de ahora, los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes.
Todos en casa de mi mamá se quedaron mudos.
Desde ese día la familia comenzó a funcionar mejor, porque todos en la casa saben exactamente lo que les corresponde hacer.
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