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08/03/2026

CAMILLE CLAUDEL (1864-1943)

La belleza y el talento de la obra artística de Camille Claudel se vio siempre ensombrecida por la tormentosa relación que mantuvo con su mentor y amante Auguste Rodin. Un amor enfermizo en el que el gran escultor no supo entender nunca los profundos sentimientos de una mujer que habría dado su existencia por él. Con promesas incumplidas de amor eterno, Rodin mantuvo a su joven alumna a su lado a pesar de no querer nunca abandonar a su verdadera pareja, Rose Beuret. En el plano artístico, a pesar de que Camille se situó a la altura del maestro y creó esculturas de alto valor, siempre se le supuso menos capacidad que a Rodin, quien muchos creyeron autor verdadero de su obra. Como en muchos otros casos, es más que probable que si Camille Claudel hubiera nacido hombre, otro hubiera sido su reconocimiento.

Camille Claudel nació el 8 de diciembre de 1864 en Fère-en-Tardenois, Aisne. Desde bien pequeña disfrutaba moldeando el barro como si fuera un juego. Pero ya entonces empezó a mostrar su gran capacidad para reflejar en aquel material inerte los rostros de sus seres queridos. Lo que empezó como una mera distracción, se convirtió en una pasión que no gustó en absoluto a su familia, quienes esperaban de ella que siguiera el camino de las chicas de su tiempo, el que las dirigía exclusivamente al interior del hogar.

La joven aspirante a escultora encontró su oportunidad cuando la familia Claudel se trasladó a vivir a París. Corría el año 1881 y Camille tenía diecisiete años. Con la ayuda de su hermano, quien fue siempre su principal apoyo, el que se convertiría en el famoso escritor Paul Claudel, fue admitida en la Academia de Arte dirigida por Alferd Boucher donde un reputado escultor ejercía de maestro. Era Auguste Rodin y pronto se percató del talento artístico de la joven Camille a la que incorporó sin dudarlo a su equipo de trabajo.

De alumna pasaría pronto a convertirse en musa, para escándalo de su madre tradicionalista, pues el rostro de Camille empezó a aparecer de manera constante en la obra de Rodin. Y de musa, a amante, viviendo un tiempo dorado y soñado por aquella niña que jugaba a ser escultora. Camille Claudel se convirtió en compañera del gran escultor al que acompañaba a las reuniones artísticas de la capital y del que aprendió el arte de esculpir llegando a alcanzar, sino superar, el talento de Rodin.

Fueron años de amplia creación artística por parte de la ya escultora Camille quien, sin embargo, era objeto de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. La sombra del maestro era demasiado larga y muchos pensaron que sus geniales creaciones eran obra de Rodin o realizadas con su ayuda. Era impensable que aquella joven hermosa y de aspecto frágil fuera capaz de crear esculturas como la bella Sakountala. Empezó entonces una relación tormentosa, en la que Camille seguía perdidamente enamorada del hombre al que también odiaba por recibir reconocimiento público, constantes encargos y alabanzas en todas sus exposiciones, mientras ella no escapaba del cliché de alumna aventajada.

El distanciamiento entre ambos terminó en ruptura en 1898 cuando Camille fue del todo consciente de que las promesas de amor de Rodin eran palabras vacías. Él nunca dejaría a su amada Rose, con la que terminaría casándose al final de sus días, traicionando a la desdichada Camille.

Empezó entonces un período obsesivo de creación del que nació una de sus esculturas más famosas, La edad madura, en la que aparece una figura femenina arrodillada agarrando a un hombre que se lo lleva una mujer adulta con rostro siniestro. Toda una alegoría de su existencia.

Encerrada durante años en su piso, Camille Claudel terminó enloqueciendo. Hacia 1905 sus miedos empezaron a aflorar haciendo de ella una mujer demente que destruía todas sus creaciones sistemáticamente, entre ellas una serie de bustos infantiles en los que parece ser que habría enterrado su frustración por no haber podido ser madre. Años atrás había perdido un bebé cuyo padre, Rodin, habría obligado a abortar.

Cuando en 1913 fallecía su padre, Camille se sintió completamente sola. Su hermano, que estaba en la lejana China ejerciendo de diplomático no pudo consolarla ni salvarla de su trágico final. Un final al que la condujo su propia madre quien hizo ingresarla en el sanatorio de Ville-Evrad. El diagnóstico oficial fue manía persecutoria y delirios de grandeza. Las cartas descubiertas años después descubrieron a una mujer en su sano juicio que fue manipulada y maltratada por su entorno.

Camille Claudel terminó sus días en el sanatorio de Montdevergues, sola, aislada y olvidada por todos. El 19 de octubre de 1943 terminaba su larga penitencia, como ella misma lo calificó, de treinta años de reclusión injusta.

Auguste Rodin había fallecido en 1917. Mientras su cuerpo descansa junto al de su amada Rose, su obra, paradójicamente, permanece junto a la de su amante Camille Claudel.
El Museo Rodin tiene las más grande de obras de la escultora.

07/03/2026

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en 1871 murió José Fernando Ramírez.

De "Un héroe de la historiografía", de Enrique Krauze:

Hay en la biografía de Ramírez lecciones para nuestro tiempo, y para todos los tiempos. La primera se refiere al oficio de historiador, y cabe resumirla así: no sólo sirve a la historia quien escribe historia, también quien la compila, edita y difunde. Imaginemos por un momento la historiografía del México prehispánico sin su abnegado trabajo. Sería el territorio de la amnesia. Durante buena parte del siglo XIX, aquel pasado pareció tan remoto e inútil, y tan salvaje en sus ritos, que liberales y conservadores (con la sola excepción de Bustamante) lo desdeñaron por igual. A contracorriente de su época, Ramírez construyó, él solo y de su peculio, parte de nuestros cimientos culturales, salvando la memoria del México Antiguo. Pero su mayor aporte no fue resguardar ese pasado sino darlo a conocer. Regaló a su país el legado perdurable de sus fuentes históricas en ediciones impecables, sólidas y veraces. Muy pocos, a estas alturas, entienden en México la nobleza y la importancia que tiene para un país el trabajo editorial, llevado a cabo con rigor y pasión.

Una segunda lección atañe al uso y abuso político de la historia. Por un lado, el acervo rescatado por Ramírez fue el sustento del gran libro de su discípulo Manuel Orozco y Berra; acompañó la magna labor historiográfica de Joaquín García Icazbalceta para el siglo XVI, e inspiró obras de los verdaderos estudiosos del México prehispánico —de Francisco del Paso y Troncoso hasta Miguel León Portilla. Pero a los pocos años de su muerte, los porfiristas —que apenas musitaban su nombre— descubrieron en el pasado prehispánico una fuente de legitimación política. La Revolución Mexicana fue más lejos y mistificó en buena medida aquella historia, hasta volverla materia de una ideología política enfrentada —como en una inútil y anacrónica reedición de la Conquista— a su gemela enemiga, ambas indiferentes al milagro histórico de convivencia que Ramírez tanto valoró como reacción a la Guerra del 47, esa convergencia que nos hace diferentes no sólo de Estados Unidos sino del resto de los países de América Latina: el vasto mestizaje étnico y cultural, que se traduce en una tolerancia básica del mexicano en cuestiones de raza y religión.

Puedes leer el texto completo aquí:https://enriquekrauze.com.mx/un-heroe-de-la-historiografia/

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