Templo Emanuel
LUGAR DEDICADO PARA ADORAR A DIOS TODO PODEROSO SOLO 80 por ciento DE PERSONAS
17/01/2026
Seamos guardián del alma ajena.
En un mundo donde las palabras viajan rápido y la discreción escasea, la confianza se ha convertido en una de las riquezas más valiosas. No se puede comprar, no se exige, no se impone. Se construye con el tiempo, con coherencia, con silencio responsable.
Ser confiable significa que alguien puede hablar contigo sin miedo, con la certeza de que su historia no será expuesta, su dolor no será comentado y su vulnerabilidad no será traicionada. Es ofrecer un espacio seguro donde el corazón puede descansar.
No hay mayor riqueza que ser guardián del alma ajena.
Quien cuida lo que escucha demuestra madurez espiritual, carácter y amor genuino. La confidencia no es una carga, es un honor.
Dios mismo es confiable. Él escucha lo más profundo del ser humano y no lo divulga, no lo humilla, no lo expone. Por eso, cuando aprendemos a guardar lo que otros nos confían, reflejamos Su carácter.
Hablar menos y cuidar más es señal de sabiduría.
El chisme destruye relaciones; la confidencialidad las fortalece.
La lengua imprudente roba paz; el silencio prudente edifica.
Que seamos personas a quienes otros puedan acercarse con la seguridad de decir:
“Aquí puedo hablar sin temor, porque sé que mi historia está a salvo.”
Porque al final, la confianza no solo honra al prójimo, honra a Dios.
Cuida a quién le confías tu historia y tu dolor; no todos saben honrar la riqueza de ser confiables.
17/01/2026
Amén
Se levantan las tropas en la Iglesia
No es un tiempo cualquiera. Las noticias hablan de guerras, conflictos, tensiones entre naciones y rumores que sacuden la estabilidad del mundo.
Jesús ya lo había advertido con claridad: Menciona Mateo 24:6 “Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis…”
Estas palabras no fueron dadas para sembrar miedo, sino discernimiento. Cristo no dijo “alarmense”, dijo “no se turben”. Porque mientras el mundo tiembla, la Iglesia es llamada a levantarse.
Hoy se levantan tropas, sí… pero no solo en los ejércitos de las naciones, se levantan las tropas del Reino de Dios. No con armas carnales, sino con armadura espiritual. No para destruir, sino para interceder, resistir, anunciar y permanecer firmes.
Las guerras externas revelan una guerra más profunda: la lucha por el alma del hombre, por la verdad, por la fe. En medio del caos, Dios despierta a su Iglesia del letargo espiritual. Este no es tiempo de espectadores, es tiempo de soldados espirituales conscientes de su llamado.
La Iglesia no avanza desde el miedo, avanza desde la esperanza.
No responde con odio, responde con luz.
No se repliega, se alinea. Cada conflicto nos recuerda que el Reino de Dios no depende de la estabilidad de este mundo, sino de la fidelidad de Aquel que gobierna sobre todo.
Cuando escuchamos de guerras, el mensaje del cielo es claro: prepárense, oren, velen, anuncien el evangelio y mantengan la fe.
Las tropas del mundo se organizan para pelear; las tropas de la Iglesia se levantan para anunciar el evangelio de poder ,resistir en amor, verdad y santidad.
Porque aunque la tierra se conmueva,
el Reino de Dios permanece inconmovible.
Y en tiempos como estos, la Iglesia no huye:
la Iglesia se levanta.
Iglesia levántate y despierta…
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