Hijos De Un Rey
El AMOR de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO es más grande que cualquier cosa en el MUNDO GRACIAS PADRE NUESTRO AMEN AMEN
20/02/2026
Amen
Bajar a los pies de Cristo significa reconocer nuestra necesidad de Él, nuestra debilidad y nuestra pecaminosidad. Significa dejar de lado nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia, y aceptar que sin Él no podemos hacer nada.
Pero no es solo un acto de humildad, es un acto de fe. Es creer que Cristo es el único que puede salvarnos, que Él es el camino, la verdad y la vida. Es creer que su sacrificio en la cruz es suficiente para cubrir nuestros pecados y darnos la vida eterna.
Así que no te avergüences de bajar a los pies de Cristo. No te sientas débil por reconocer tu necesidad de Él. Al contrario, es en ese momento de humildad que encontrarás la fuerza para subir al cielo. Es en ese momento de rendición que encontrarás la victoria.
¡Baja a los pies de Cristo! Reconoce tu necesidad de Él. Acepta su sacrificio y su amor. Y luego, con la fuerza de su Espíritu, comienza a subir. Sube a la montaña de la fe, sube a la cima de la esperanza, sube al cielo mismo. Porque para subir, hay que empezar bajando.
Cuando hablamos de "bajar a los pies de Cristo", nos referimos a un acto de rendición y adoración. En Lucas 18:14, Jesús dice: "Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido." Este principio nos enseña que, al humillarnos ante Él, encontramos la verdadera grandeza. Al acercarnos a sus pies, dejamos atrás nuestro orgullo y nuestras cargas, y encontramos descanso en su presencia.
Al bajar a sus pies, también encontramos perdón y redención. En Lucas 7:37-38, vemos a una mujer pecadora que, al enterarse de que Jesús estaba en casa de un fariseo, se acercó a Él, llorando y lavando sus pies con sus lágrimas. Su acto de humildad y amor fue recibido por Jesús con gracia y perdón. Esto nos muestra que no importa cuán lejos hayamos estado, siempre podemos regresar a Él y ser recibidos con los brazos abiertos.
Así que, al bajar a los pies de Cristo, encontramos no solo la humildad y el perdón, sino también la transformación y la esperanza. Es en esa posición de entrega donde comenzamos a experimentar la plenitud de la vida que Él nos ofrece. Recuerda, el camino hacia el cielo comienza con un corazón rendido a los pies de nuestro Salvador.
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