Historias de terror
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Mi humilde homenaje a Poe:
El reloj cucú
Éramos felices hasta que llegaron las diferencias. Ella se volvió adicta a la moda y yo siempre fui un apasionado de las antigüedades, como aquél reloj cucú que colgaba en la pared del comedor. Pero a ella le daba migrañas y amenazaba con tirarlo. También llegaron demandas y acusaciones Pero lo que comenzó a irritarme fue su costumbre de apuntarme con el dedo. Era como un puñal que se hundía impiadoso en mi pecho, condenándome a los planos inferiores de la humillación. Todas las noches, exactamente a las 23: 45, ella me apuntaba con el dedo desde la cama, antes de dormirse. Le juré que algún día se lo cortaría.
Y un día, cuando llegué de trabajar, el relój cucú ya no estaba.
- Lo tiré a la basura - dijo con cinismo.- hay que modernizar la casa.
Impulsado por un temblor demencial fui a buscar el hacha al galpón y sólo bastó un alarido de terror. Le hundí el hacha en su pecho y ella cayó mu**ta al piso. Y la seguí bombardeando con hachazos hasta que mis músculos se cansaron. Busqué su mano derecha, entre la sangre, las vísceras y los miembros separados. Y con una cuchilla de cocina corté su dedo. Busqué en el tacho de la basura el relój cucú pero el pájaro artificial no estaba. Aquel cucú emitía el sonido más alegre de la casa.
Al rato tocaron la puerta dos policías que habían recibido la denuncia de un vecino por gritos. Los hice pasar. Ya había limpiado todo y ocultado el cuerpo. Les dije que el grito se debía al elevado volumen del televisor.
Vieron alambres, una tenaza sobre la mesa y una escalerita en un rincón del comedor.
-Estaba arreglando el relój cucú - les dije - mi amuleto más amado.
Y entonces, exactamente a las 23: 45, la puerta de madera del relój cucú se abrió. Pero lo que salía y entraba no era el pájaro artificial, sino un dedo atado con alambre.
- ¡Por Dios! ¿Qué es eso? - dijo uno de los policías.
-Es mi obra. Ella, desde el in****no, me convirtió en un masoquista y ahora extraño su dedo. Me acostumbré a él. Me sigue humillándo a la misma hora. Y apunta más allá de la ventana: Al jardín. Donde enterré sus pedazos.
«Parálisis del sueño»
Abrí mis ojos de repente al sentir una sensación sumamente particular, quizá una como nunca en la vida la haya experimentado, y hasta pueda que esta sea mi última experiencia en mi camino. Los párpados fueron abiertos de forma abrupta, violenta, como quien es llamado a dar cuentas por una conciencia llena de dolor y sufrimiento, quizá un cuerpo aterrado por la angustia y los miedos. Lo cierto es que me encontré boca arriba, con la mirada fija en el techo, y respirando profundamente. No comprendí nada de lo sucedido, hasta que sentí su presencia y el terror me empezó a invadir.
Mi cuerpo estaba tendido en una posición muy indefensa, y sin embargo, no fue esto lo más aterrador. Intenté moverme hacia mi derecha, mandé la orden a mi pierna, a mi brazo, a la cintura, y ninguna región del cuerpo respondía. Mi piel, estaba erizada a este punto por el interés de ver lo que se encontraba al lado mío. No podía verlo, pero estaba seguro que estaba ahí, mofándose de mi indefensión, mi miedo, y mi incertidumbre.
Tenía el cuerpo tan tenso, que mi espalda estaba arqueada intentando virarme hacia la mirada tenebrosa, pero lo cierto del caso es que ni siquiera fui capaz de mover mi cuerpo. Al moverme hacia la izquierda la cosa fue distinta, ya sentía los músculos más relajados, y aunque intenté con todas mis fuerzas el girar mi cuerpo hacia el lado en donde estaba aquella cosa, mi instinto me llevó a moverme hacia la izquierda dando ahora la espalda totalmente al ente que compartía conmigo la habitación. No podía ver en absoluto lo que sucedía detrás de mí, pero percibí claramente su respiración. Sentía la forma en la que acercaba su nariz cerca de mi nuca, buscando la manera no de oler mi aroma, sino mi miedo. En la pared solamente se veía una sombra, como si moviese su mano por encima de mi aura, intentando capturar de mi algo más que la paz, sino mi propia alma.
Intenté otra vez mover mis extremidades, pero fue absolutamente inútil. Hice mi mayor esfuerzo en gritar todo lo fuerte que pude, y no produje más que un simple grito ahogado, lo cual no hizo más que incrementar mi terrible dolor de ojos y mandíbula. El ma***to ser todavía se encontraba detrás de mí. Pude ver algo más allá de los ojos, me convencí de que la sombra estaba ahí, y en un intento de "salvar" mi propia vida en un último pero exitoso esfuerzo, antes de enfrentarme a la muerte, alcancé a liberar mi voluntad, y logré voltearme hacia donde se encontraba la figura. Una sombra ausente claro está, porque no pude verla cuando giré. Al inicio aunque la buscaba en medio de la oscuridad, deseaba al mismo tiempo no encontrarla, pero mi curiosidad daba a más. No logré encontrar nada así que fui a la cocina, tomé un té de tilo y volví a la cama, pensando, para tranquilizarme, que todo habría sido producto de mi imaginación. Pero entonces, cuando ya estaba a punto de conciliar el sueño de nuevo, oí su voz, gruesa y en un tono que me revolvió el estómago de terror. "nos vemos a las 3 de la madrugada" me dijo. Ahora no sé qué deba hacer, solamente he hecho este mensaje de texto por si acaso no amanezco con vida, haber por lo menos informado del ente que está en mi habitación, y que me visitará esta misma noche, en medio de la oscuridad y el frío de esta madrugada, para desvelar mi alma, y quizá llevarme consigo.
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