EPT: Orgullo Texcocano
Aquí se acopian sentires, razones y policromías de la EPT para su desarrollo intelectual y académico.
03/11/2025
LOS ZOMBIES DE LA EPT Y LA GENERACIÓN DE LOS NATIVOS DIGITALES DEL “ROSARIO CASTELLANOS” EN DÍAS DE MU***OS
Por Dulcenombre del Huerto
Emergieron de todas partes, de las historietas de los sesenta con papel barato, de los mangas japoneses donde todo el mundo vocifera con los ojos cerrados, de las películas que Netflix insiste en recomendar aunque nadie las pida. Resucitó Frankenstein con el pelo más lacio que nunca, Drácula con brackets nuevos (más por estética que por necesidad), Morticia con su vestido reciclado y todos esos personajes sombríos que huelen a nostalgia y a spray negro para el cabello. Menos los de Coco, claro, que siguen vetados por tener demasiado de Disney y muy poco de ofrenda con Pan de Conejo y auténtica flor de cempasúchil.
Ocurrió el 31 de octubre de 2025, en la EPT, ese lugar donde los sueños didascálicos se topan con el olor pintarrón seco. La generación Z todavía habla español, aunque ya con un acento pixelado. Dicen “bro” entre “no manches” y “de chill”, y festejan el “jalogüin” como si fuera misa de domingo, entre un meme y un TikTok. No importa: son los centennials, los zoomers, los hijos bastardos del Wi-Fi y los nietos del MSN Messenger.
Esa mañana los vi llegar desde el panteón, desde los altares digitales, desde la nube del Google Drive como nefelibatas digitales. Algunos emergieron del mar con olor a salitre y datos móviles con el hocico roto, otros de la montaña sagrada jodorowskiana donde dejaron sus cenizas en un video de Instagram con filtro sepia y música de Panteón Rococó.
Son nómadas del costumbrismo digital, almas que solo existen si alguien les da un “me gusta”. Yo, en mi papel de cronista anacrónica, les tomé una foto con mi celular medio obsoleto y pensé en Pedro Páramo, en esos trinos perdidos en el territorio de los mu**tos que hablan más que los vivos. Veía en mis alumnos del Rosario Castellanos (matutino) algo de Juan Rulfo, pero también algo de los zombis de Breaking Dead, una mezcla imposible de Cómala y Ciudad Gótica. Algunos tenían cara de Lucas Lucatero, otros de Anacleto Morones con cuenta de TikTok y filtro de pato.
Mientras bajaba al patio, imaginaba a la huesuda y al Principe del Mundo, al diablo, oliendo a incienso y a desodorante Axe. Había zombies que se reían del Guasón, una Monje Loca con la jeta ensngrentada que daba consejos de amor a un Payaso Maléfico y Una flor con cascabeles rotos y pétalos coloridos vendiendo dulces caducos y una Mujer Zanahoria que predicaba el veganismo entre ofensas de tortas de tamales. La Adelita Calaverita bailaba reguetón con el Dinosaurio de Trucutú, y todos eran felices, orondos, brillantes en su miseria luminosa, y por ai, perdido entre cadáveres y catrinas, ambulaba un Zorro del desierto totalmente madreado.
Era el Día de Mu***os en la EPT, la frontera entre la p**a muerte y el pi**he Wi-Fi. Entre lo sagrado y lo absurdo. Entre la calavera de azúcar y la selfie con flash. Y yo, vieja testiga de los días analógicos, entendí que el panteón ha cambiado de domicilio, ahora está en la nube, pesa dos terabytes y se actualiza cada año con una nueva versión de los mu**tos vivientes... ¡Abrcadabra cabrestos!
DESDE LAS BELLAS ALTURAS DE UNA BICI EL MUNDO SE PERCIBE INMENSO
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06/10/2025
EN BUSCA DEL GUANTE PERDIDO POR LAS AULAS DE LA EPT
Se me enchina el cuerpo nomás de pensarlo: Si existe una Casa del gato que pelotea, un Hotel de corazones rotos, una Sociedad de poetas mu**tos, Una larga noche de ectoplasmas y perros rabiosos, por qué no habría de existir un Individuo que siempre extraviaba los guantes de la mano derecha
Esto tiene cola por pisar e implica, en primerísimo lugar, el porqué de unos años pacá me acostumbré a la rutina de calzarme guantes, más bien a esa especie de mitones o manoplas que usan algunos deportistas, sobre todo los artistas de la nieve, ciclistas, motociclistas o halterofilistas o simples aficionados al gimnasio que usan esas prendas mochas que dejan al descubierto la totalidad o una parte de los dedos
Y en segundo lugar Una mañana lluviosa un alumno de la Prepa Texcoco me preguntó si yo llegaba en moto ¿Por qué? Por sus guantes No, es por recomendación dermatológica, además, le dije, vengo en bicla Ah, ¿por eso? Símón, le contesté
LAS MANCHAS CARGADAS DE SOL
Resulta que mis tiernas y rosadas manos, sobre todo la izquierda, estaban tapizadas de manchitas, como de plátano tabasco muy maduro o como los viejos focos de tienda de pueblo, llenos de cacas de mosca Es por el sol, ¿Efelides? ¿Léntigo Solar? ¿Cloasma? ¿Pecas comunes? ¿Paño? ¿La edad? Ruquez, sí Algo de todo eso Mi doctora me observa con mucho cuidado ¿Usted maneja? Vea como tiene más lunares en la mano izquierda, debe usar guantes Esa fue la prescripción de mi dermatóloga Y de ai pal real, más ahora con mi feliz retorno a mi monoplaza de dos ruedas, bicicleta o servicial “burra”
Le revané parte de los dedos a unos viejos guantes y los adapté para utilizarlos mientras enérgicamente pedaleo o manejo, y sí, ya no tengo tan salpicadas de pecas el dorso de mis extremidades después del tratamiento de Crioterapia aplicado por mi taxidermista De ese jaez es la verdadera historia de mis guantes perdidos
LAS MISTERIOSAS DESAPARICIONES
Pero todo esto ha resultado un drama particular, habida cuenta de mi desorden en el empleo de mis accesorios En un lunes de tianguis texcocano (vivo a 150 metros de él) compraba mis sabrosos plátanos, exquisitas guayabas, generosas uvas y opíparos mangos, al pagar me quité rápidamente el guante derecho para rascarle a mi bolsillo, de ahí me dirigí a comprar mis pechugas de pollo Apenas rebasaba dos puestos de verduras y uno de chácharas cuando me percaté de mi guante Lo tiré en la fruta, me dije y de volón pin pon fui por él Búsqueda vana, no lo recuperé Otro guante perdido En dos ocasiones anteriores me había ocurrido suceso semejante, opté por ya no ponerme guantes durante la compra de mi recaudo y concentrarme en buscar precios ajustados a mi presupuesto
PROUST Y LA MEMORIA PERDIDA
Como quien no quiere la cosa, las últimas mermas de mis fabulosas prendas ocurrieron hace semana y media Durante dos días hábiles seguidos, un viernes y un lunes, entre 8 y 9 am, la providencia me desnudó la mano derecha El viernes olvidé uno en el grupo Antonio Caso de EPT, pues al ir a firmar ya no llevaba mi protección, regresé a asomarme y no lo jallé Luego, el lunes, al subir rumbo al Rosario Castellanos, por la escalera me di cuenta de la ausencia de mi guante derecho Le pedí a un alumno Mira pregúntale a la maestra y a los alumnos si no vieron mi hermoso guante No maestro, que no dejó nada Otra vez me pendejeé a mí mismo, inexplicáblemente se me cayó, olvidé o torcí los caminos del guante e irremediablemente recordé a Marcel Proust “En busca del guante perdido” y recordé ese defecto conocido como el “Sindrome del objeto abandonado” a causa de la distracción, el agobio o el estar haciendo o pensando varias cosas a la vez
Inexplicable ese raro y neblinoso olvido cotidiano, por más que quiero reconstruir acontecimientos recientes ¿cómo, cuándo, dónde perdí mis guantes?, ¿por qué sólo es el guante derecho? Fácil, si fuera yo zurdo los guantes desaparecidos serían los izquierdos y los guantes huerfanitos serían derechos Lo malo es que cuando coloco cualquier guante en la bolsa del pantalón, tengo mi cartera, mi forro del sombrero, mis gises modernos, monedas o cuanta madre cargo en mis buchacas Igualmente los pongo en mi chamarra, pero sus bolsas están pequeñas y los mitones se caen sin remedio, además que traigo ahí mis dos cubrebocas y un pañuelo que me ayudan a entibiar el aire que me pega de frente cuando voy en mi bici emulando a Isaac del Toro para llegar a la Prepa
COLOFÓN
Hasta la fecha he acumulado una decena de guantes izquierdos en la danza de los misterios, desafortunadamente, excepto uno, todos son de una sola vista y sólo he podido habilitar a uno como guante derecho He tratado de remediar ese síndrome de pérdidas valiosas, ahora me fijo bien (¡Aleluya!), cada vez que me quito el último guante, me concentro ¿en dónde lo voy a depositar para evitar su caída? y lo voy logrando ya, llevo una semana en que no pierdo nada Espero que aquí acabe el deterioro normal de memoria inmediata y recordar, concentrarme y recobrar mi agilidad mental, aunque sé de antemano que por perder unos guantes derechos no me voy a petatear Tan tan.
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