Ediciones Libélula

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Ediciones Libélula se dedica a la publicación y edición de libros.

28/01/2022

De pronto, el televisor se apagó solo. Sarah pensó que se había ido la corriente. Estiró su brazo para encender la lamparita de noche y com-probar si había fluido eléctrico y esta encendió. «¡Rayos!», pensó, «lo único que faltaba, se malogró el televisor». Justo en ese instante, tres personas aparecieron delante de ella. Se pararon a los pies de la cama y miraron a Nany. Eran dos mujeres y un hombre. De inmediato reconoció al hombre; era su abuelo. Las dos mujeres se acercaron más a la cama, fueron por los costados y se detuvieron justo al lado de Nany. Él miró a Sarah y le dijo:
-No te preocupes por ella, pronto estará muy bien. No te aferres a ella, déjala venir con nosotros. No merece sufrir.
Sarah bajó la mirada y suspiró. Trató de hablar, pero no le salían palabras, los pensamientos se agolpaban en su mente uno tras otro creándole un desorden tal que no sabía por dónde empezar ni qué decir. El abuelo continuó:
-Acá estamos nosotros, esperándola. Cuando ella esté lista, la acompañaremos, no estará sola. Ella tiene miedo, mucho miedo de partir, de dejarte y de no encontrar su propio camino. Ayúdala a que entienda que no estará sola y que sepa que tú vas a estar bien.
Sarah lo miró y preguntó:
-¿Quiénes son ellas?
Una de ellas miró a Sarah y dijo:
-Yo soy su madre y ella es mi hija, su hermana.
-¿Ves, querida? –dijo el abuelo en voz suave–. Estamos con ustedes y la vamos a acompañar. Hace un instante estuve contigo en tu cuarto, solo para hacerte saber que estamos aquí, esperando.

Tomado de: Genial... ¡Soy Bruja!
Autora: Karen L. Forrest Shaw

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