Pastor Mega
Carlos Alberto Paz es Pastor de la Iglesia Reformada Gracia Urbana en Perú. Teólogo en construcción
10/06/2026
¿Por qué hay cristianos que apoyan a zurdos o progres? Por la Ignorancia bíblica.
Uno de los problemas más profundos y menos discutidos dentro del evangelicalismo contemporáneo en el Perú y en gran parte de América Latina es la ausencia de una cosmovisión política verdaderamente arraigada en las Escrituras. Mientras se dedican innumerables esfuerzos al estudio de temas relacionados con la vida eclesiástica, la adoración o las controversias doctrinales internas, rara vez se examina con igual seriedad lo que Dios ha revelado acerca de la justicia civil, la autoridad política, la propiedad, los impuestos, la economía y el papel legítimo del gobierno.
La Biblia no presenta a Dios únicamente como Señor de la salvación individual. Él es también el Legislador supremo y Rey sobre las naciones. El salmista declara: «Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará» (Isaías 33:22). Del mismo modo, el Salmo 2 llama a los reyes y gobernantes de la tierra a someterse al gobierno del Mesías. Por tanto, la idea de que la fe cristiana debe limitarse exclusivamente a la esfera privada resulta extraña al testimonio completo de las Escrituras.
Cuando la iglesia abandona la tarea de pensar bíblicamente sobre la vida pública, inevitablemente adopta categorías provenientes de filosofías ajenas a la revelación divina. El vacío doctrinal nunca permanece vacío; siempre termina siendo ocupado por alguna cosmovisión rival.
1. Las Escrituras revelan principios de gobierno, justicia y economía
Desde Génesis hasta Apocalipsis encontramos principios consistentes acerca de la propiedad, el trabajo, la responsabilidad personal, la justicia y la autoridad civil.
El octavo mandamiento, «No hurtarás» (Éxodo 20:15), presupone la legitimidad de la propiedad privada. Asimismo, los mandamientos que prohíben codiciar la casa, el campo o los bienes del prójimo (Éxodo 20:17) reconocen la existencia de posesiones legítimas pertenecientes a individuos y familias.
La distribución de la tierra en Israel muestra que Dios estableció un orden social donde las familias poseían herencias definidas. En Números 36 y Levítico 25 se observa la preocupación divina por preservar la heredad familiar de generación en generación. La tierra no debía ser absorbida permanentemente por estructuras centralizadas de poder, porque en última instancia pertenecía a Dios y era administrada por familias responsables delante de Él. Dios reinaba a través de su Ley(Lex Rex)
La Escritura también exalta el valor del trabajo productivo. El hombre fue llamado a labrar y guardar el huerto antes de la caída (Génesis 2:15). El apóstol Pablo enseña: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). La prosperidad es presentada como el fruto ordinario de la diligencia, la sabiduría y la bendición divina, no como el resultado primario de mecanismos políticos de redistribución como hacen los políticos estátistas actuales.
Al mismo tiempo, la ley de Dios protegía a los pobres mediante normas de caridad, generosidad y responsabilidad comunitaria. La rebusca de los campos (Levítico 19:9-10) permitía que los necesitados recogieran alimento, pero sin eliminar la responsabilidad personal de trabajar. La ayuda era real, pero no destruía la dignidad del individuo ni transfería toda responsabilidad al gobierno civil.
2. Dios establece límites al poder político
Uno de los aspectos menos estudiados de la ley bíblica es que impone restricciones claras a los gobernantes del Estado.
En Deuteronomio 17:14-20, el gobernante del pueblo del pacto no podía multiplicar excesivamente caballos, mujeres ni riquezas para sí mismo. Además, debía copiar personalmente la ley de Dios y someterse a ella todos los días de su vida. El gobernante no era una fuente autónoma de autoridad; estaba bajo una ley superior.
Cuando Israel étnico pidió un rey como las demás naciones, Traicionó a Dios , abandono la idea de ser gobernadora por Dios a través de su ley y lo cambiaron por las ideologías de este mundo.
Dios advirtió mediante Samuel acerca de las consecuencias de la expansión del poder político. El rey tomaría hijos para sus ejércitos, hijas para su servicio, expropiaria tierras para sus funcionarios y una parte significativa de la producción del pueblo (1 Samuel 8:10-18). El pasaje constituye una seria advertencia acerca de la tendencia natural del poder civil a crecer y apropiarse progresivamente de recursos de una nación.
La enseñanza bíblica contrasta fuertemente con la idea moderna de que el Estado debe convertirse en el administrador principal de todas las áreas de la vida. En la Escritura, la familia, la iglesia y otras instituciones poseen responsabilidades propias dadas por Dios que no deben ser absorbidas por el gobierno civil.
Por tanto apoyar, votar, participar o agradarse de un partido con planes de gobierno estátistas es como el Israel de tiempos del profeta Samuel, una traición a Dios por más fuerte que les suene a muchos por su falta de estudio y costumbre con este tema.
3. El mito de la neutralidad política
Muchos creyentes sostienen que evitar toda reflexión política bíblica y argumentar emotivamente constituye una postura más espiritual. Sin embargo, la Biblia jamás enseña la neutralidad moral o intelectual.
Proverbios 1:7 afirma que «el temor de Jehová es el principio de la sabiduría». Esto significa que toda comprensión correcta de la realidad debe comenzar con Dios. No existe un terreno neutral desde el cual interpretar la justicia, la autoridad, la libertad o los derechos humanos.
El Señor Jesucristo declaró que quien no está con Él está contra Él (Mateo 12:30). La Escritura presenta una confrontación permanente entre cosmovisiones rivales: la sabiduría de Dios y la sabiduría del mundo.
Por esta razón, cuando los cristianos abandonan el análisis bíblico de los asuntos públicos, no se vuelven neutrales. Simplemente adoptan, muchas veces sin darse cuenta, las presuposiciones culturales predominantes en su entorno.
La consecuencia es que generaciones enteras de creyentes terminan siendo discipuladas políticamente por universidades seculares, medios de comunicación, ideologías contemporáneas y movimientos culturales antes que por la Palabra de Dios.
4. La ignorancia voluntaria y sus consecuencias
Más preocupante que la falta de enseñanza es la creciente falta de interés por aprender.
El profeta Oseas declaró: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento» (Oseas 4:6). Aunque el contexto inmediato se refiere al conocimiento del pacto de Dios( teología básica que también muchos evangélicos actuales desconocen) , el principio sigue siendo relevante: la ignorancia espiritual produce consecuencias reales en la vida de una nación.
Cuando los creyentes dejan de evaluar los sistemas políticos a la luz de la revelación divina, terminan guiándose por emociones, simpatías personales o narrativas mediáticas. Sin embargo, Jeremías 17:9 advierte que el corazón humano es engañoso.
Toda ideología contiene presupuestos acerca de la naturaleza humana, la autoridad y la justicia. Algunas parten de la premisa de que el hombre es fundamentalmente bueno y que los problemas sociales pueden resolverse mediante una creciente concentración de poder político. La cosmovisión bíblica, por el contrario, reconoce la realidad universal del pecado y, precisamente por ello, desconfía de cualquier concentración excesiva de autoridad (estatismo) en manos de seres humanos caídos.
La doctrina del pecado original no solo explica la necesidad de la salvación; también explica por qué el poder debe ser limitado y sometido a normas objetivas de justicia.
5. Un llamado urgente a volver a las Escrituras
La solución para esta crisis no será encontrada en una nueva estrategia electoral ni en una nueva figura política. La solución comienza cuando la iglesia vuelve a reconocer la autoridad absoluta de la Palabra de Dios sobre todas las áreas de la vida.
Cristo declaró que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Su señorío no se limita al culto dominical ni a la vida devocional privada. Él es Rey sobre las naciones, Señor sobre los gobernantes y Juez de toda autoridad humana.
Por tanto, los cristianos deben aprender a evaluar los sistemas políticos mediante preguntas bíblicas fundamentales: ¿protegen la justicia? ¿respetan la responsabilidad familiar? ¿reconocen los límites de la autoridad civil? ¿promueven la honestidad, la libertad y la responsabilidad moral? ¿están en armonía con los principios revelados por Dios?
La iglesia necesita abandonar la superficialidad doctrinal y recuperar una visión integral del señorío de Cristo. Necesita formar creyentes capaces de pensar bíblicamente acerca de la economía, la ley, la cultura y el gobierno. Necesita desarrollar discernimiento para no ser arrastrada por ideologías que prometen redención política mientras ignoran la realidad del pecado y la autoridad de Dios.
Una iglesia que ignora la cosmovisión terminará siendo moldeada por cosmovisiones ajenas y terminan justificando su apoyo a partidos con cosmovisión ajena a la voluntad de Dios en la Biblia o hasta formando parte de partidos políticos afines al estatismo. Pero una iglesia que regresa a la autoridad total de las Escrituras podrá ejercer una influencia transformadora sobre la sociedad y proclamar con claridad que Jesucristo es Señor sobre cada esfera de la existencia humana.
Esto ya no es casi para los boomers es para que reflexionen los jóvenes los que aún no tienen sesgo y quieren realmente conocer la Libertad de las posturas bíblicas para política y estado.
En resumen muchos evangélicos votan a favor de estátistas o partidos con propuestas antiricristianas en sus planes de gobierno debido a una gran ignorancia de la postura bíblica del modelo mas cercano que está en la ley de Dios es decir por su abandono de la Biblia como autoridad final en este tema , por la supuesta neutralidad que tienen en estos temas que al final se ve derrotada por ideologías que se llevan sus votos y lo peor es por pastores y líderes que son concientes d intencionales en no querer aprender más sobre este tema y por ende no enseñan la voluntad bíblica de Dios a sus iglesias.
Dios ilumine a su iglesia .
28/05/2026
⚠️⚠️ATENCIÓN IMAGEN FALSA⚠️⚠️
Está circulando esta fotografía de Jeffrey Epstein con Cash luna, fue creada con Inteligencia Artificial para desprestigiar aun mas a Epstein.
14/05/2026
“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” — Evangelio según Mateo 26:41
La oración nunca fue diseñada para reemplazar la vigilancia espiritual. El Señor unió ambas cosas porque conoce la fragilidad del corazón humano. Muchas personas oran con sinceridad, pero después descuidan aquello que alimenta su mente, sus emociones y sus deseos. Jesús habló estas palabras en Getsemaní, mientras sus discípulos dormían espiritualmente en una de las horas más decisivas.
Ellos amaban al Maestro, pero no entendían el peligro de bajar la guardia. Así ocurre también hoy: un creyente puede buscar a Dios en oración y aun así exponerse a conversaciones, ambientes y hábitos que lentamente debilitan su comunión con Él. La oración trae fuerza, pero la vigilancia cierra las puertas por donde la tentación intenta entrar silenciosamente al alma.
Velar significa vivir despiertos delante de Dios. Es examinar el corazón, cuidar lo que permitimos entrar por los ojos y los oídos, y reconocer que la carne sigue siendo débil. Pedro aseguró que jamás negaría a Cristo, pero horas después cayó porque confió demasiado en sí mismo y no veló. La tentación rara vez aparece de golpe; normalmente comienza con pequeños descuidos tolerados por mucho tiempo. Por eso el creyente sabio no solo ora por pureza, sino que también se aparta de aquello que contamina. No solo pide paz, sino que evita alimentar discusiones y resentimientos. No solo clama por santidad, sino que protege su mente y su corazón. La obediencia diaria demuestra si la oración realmente está transformando la vida.
Dios no nos llama a vivir con miedo, sino con discernimiento y sobriedad espiritual. El enemigo trabaja mucho a través del cansancio, la distracción y la indiferencia. Cuando el alma deja de velar, comienza lentamente a acostumbrarse a cosas que antes le dolían. Por eso la Escritura enseña a guardar el corazón, porque de él mana la vida. El creyente que vela aprende a reaccionar temprano: corrige actitudes, corta lo que lo aleja de Dios y vuelve rápidamente al Señor cuando percibe frialdad espiritual. Orar y velar deben caminar juntos. La oración mantiene el corazón cerca de Dios, y la vigilancia evita que ese corazón vuelva a entregarse a aquello de lo que Cristo vino a rescatarlo.
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