Reflexiones del Padre Gumer
Una ayuda espiritual
Fiesta de Santa
"La Virgen María y Santa Librada testigos de la salvación"
¡Santa Librada ruega por nosotros
(Mt 13,24-43) Domingo 16º del tiempo ordinario Ciclo A. «Algún enemigo ha hecho esto»
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar sale hoy al encuentro de una de nuestras reacciones humanas más comunes: la impaciencia. Vivimos en una sociedad que busca resultados inmediatos, que etiqueta con rapidez y que juzga sin piedad. Nos cuesta tolerar la imperfección, el error o la lentitud, y muchas veces, ante el mal que vemos en las noticias, en la calle o en nuestro propio entorno, nos quema por dentro el deseo de actuar de forma drástica, de cortar cabezas y de arrancar de raíz todo lo que consideramos dañino. Sin embargo, el Señor nos muestra hoy un estilo de actuar completamente diferente al nuestro. Dios no tiene la prisa del agricultor ansioso, sino la pedagogía del Padre paciente. Las lecturas de este domingo nos invitan a contemplar el misterio de la paciencia divina, a reconocer con humildad nuestra debilidad y a confiar en la fuerza silenciosa de su Reino. Esta Palabra de Dios nos invita a transformar nuestra mirada en las situaciones de la vida diaria: Mirar hacia dentro antes de juzgar hacia fuera: Es muy fácil señalar la cizaña en los demás (en el vecino, en el político, en el familiar que nos molesta). Todos tenemos días de trigo (donde amamos, servimos y rezamos) y días de cizaña (donde brota el egoísmo, el chisme o la soberbia). Confiar en la fuerza de lo pequeño: Jesús complementa el Evangelio con las parábolas del grano de mostaza y la levadura. El Reino de Dios avanza cuando pones una pizca de amor, de paciencia o de fe en tu hogar o en tu trabajo. Aunque parezca que el mal (la cizaña) tiene mucho ruido y espacio en el mundo, la fuerza silenciosa del bien terminará por triunfar.
Señor Jesús, danos un corazón paciente para saber convivir con las imperfecciones del mundo y de nuestra comunidad, y concédenos la gracia de ser siempre trigo limpio que alimente la esperanza de nuestros hermanos. Amén.
(Mt 12,14-21) Sábado 15ª semana del tiempo ordinario. «Los curó a todos»
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar pone hoy frente a frente dos formas radicalmente opuestas de ejercer la autoridad, de usar la fuerza y de estar en el mundo. Por un lado, el profeta Miqueas denuncia con valentía la ambición desmedida de aquellos que usan su posición para pisotear a los desvalidos. Por el otro, el Evangelio nos presenta la paradoja de Jesucristo: el verdadero Salvador del mundo, el Hijo de Dios que tiene todo el poder en sus manos, pero que elige el camino de la humildad, la discreción y la ternura. El Señor nos hace hoy una invitación profunda a revisar desde dónde actuamos en nuestro día a día: desde la imposición egoísta o desde el servicio callado y compasivo. Estas lecturas nos dejan dos lecciones muy claras para nuestra convivencia diaria: No planear el mal ni el desquite: Que nuestras planificaciones diarias no sean para ver cómo ganar ventaja a costa de otros, cómo vengarnos o cómo hacer caer a quien nos cae mal. Cambiemos las maquinaciones de orgullo por pensamientos de paz y proyectos de bien para nuestra familia y comunidad. Ser instrumentos de ternura, no de descarte: En un mundo agresivo donde se pisotea al débil, nosotros estamos llamados a actuar como Jesús. ¿Cómo tratas a los que están "cascados" a tu alrededor? Al anciano que camina lento, al hijo que se ha equivocado y tiene la autoestima rota, al compañero de trabajo agobiado... No los quiebres con tus críticas, con tu impaciencia o con tu indiferencia. Sé tú la mano delicada de Dios que sostiene la caña cascada y ayuda a encender la fe que vacila.
Señor Jesús, danos un corazón semejante al tuyo, para que aprendamos a retirarnos del conflicto estéril y sepamos ser protectores de los más frágiles, sosteniendo con amor a quienes están sufriendo en el cuerpo o en el alma. Amén.
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